Letras

Ilustración: Luis Galdámez

José Roberto Cea

(Izalco, 1939). Estudió Periodismo y Letras en la Universidad de El Salvador (UES). Director de la Editorial Universitaria, director de la revista “La Universidad”, codirector de la revista “La Pájara Pinta”, secretario de Relaciones Públicas y Promoción Universitaria de la UES, miembro del Consejo Editorial del Consejo Superior Universitario (CSUCA) y jefe de Relaciones Públicas de la UES. Premio internacional de Poesía del Círculo de Poetas y Escritores Iberoamericanos de Nueva York, 1965. Premio 15 de septiembre, del Certamen Centroamericano Ciencias, Letras y Bellas Artes, 1965 y 1966. Premio de poesía en el certamen latinoamericano Pablo Neruda, Perú, 1974. Premio Internacional Rubén Darío, 1981. Primer premio en los juegos florales agostinos de San Salvador, 1998. Entre sus obras destacan “Los días enemigos”, 1965; “Casi el encuentro”, 1965; “Códice de amor”, 1968, “Naúfrago genuino”, 1968; “Códice liberado”, 1969, “El potrero”, 1970; “Antología general de la poesía en El Salvador”, 1971; “Lecturas italianas”, 1973; “Pocas i buenas”, 1986; “Los herederos de farabundo”, 1981; “Corral no, coral de los desplazados”, 1986; “La guerra nacional”, 1992; “Cantar de los cantares y otros boleros”, 1993; “Misa mitin”, 1998; “Todo el códice”, 1998.

Agosto 26, 2022

Yo, el brujo

Yo soy Quirino Vega,

Tengo hierbas de pájaros malignos

Para falsear candados y memorias.

Tengo, además, oraciones que alejan la maldad

Y hacen retroceder al enemigo.

 

Yo, Quirino Vega,

Sé matar la cal viva, pero sufro.

Hace años que he muerto para el ángel,

Pero me sobreviven, la Chagua Théspan, mi mujer,

Y los diez hijos.

Seis hembras ya cazadas y casarse,

Y el resto, unos muchachos locos,

Alegres como pascuas.

Lo que sé, lo heredo de mi padre.

Él sabía sus cosas. ¡Tantas sabía!

Que me alcanzó a dejar mucho que vale.

Por ejemplo, su corazón de codorniz salvaje.

Y ese afán tan limpio,

De agua que no cede en el pantano,

Que todo lo del mundo se encuentra en su lugar.

 

El nombre que me puso,

Según dicen las piedras del coral,

Fue para que yo no perdiese el camino.

Y las espinas no dejaran su huella en mi memoria.

Y las hormigas me trajeran gusanos moribundos,

Sapos muertos y cogollos de plantas misteriosas

Que harán perder el agua de las pilas…

 

Yo, Quirino vega,

Siempre anduve en camisa de once varas

Por decir la verdad a quema ropa

Y no hacer uso de platos de lentejas.

 

No di palos de ciego, me cayeron.

Pero ahí voy, de memoria en memoria,

Más querido que el aire y que el dinero.

Repartiéndome azul, a manos llenas.

Dándome de verdad, completamente nuevo en cada entrega.

Sin sudar tinta, sí, pero soberbio.

Así somos los brujos en Izalco

Crónica salvadoreña

Nosotros aquí, en El Salvador,

Hemos perdido el aire

Y a punto de estallar estamos.

 

Sucede que en un pedazo de tierra

Vivimos hasta mil.

Este panal sin miel, es fabuloso…

Hay que vivirlo para saber que es cierto.

Para saber su historia

Hay que sacarle sangre a un gusano.

Hay que llorar al pie de una ecuestre figura.

Ignorar tanto texto vacío

Escrito con mentiras y tinta y con las patas.

Aquí, en El Salvador, hay que decir las cosas

A corazón partido y con cojones.

Tantos han extraviado la palabra

Que a muchos nos rompe la nostalgia.

 

Aquí, en El Salvador, siempre estamos peleando

Entre vecinos.

Y del prójimo hablamos,

Por detrás,

Cuando ha dado la vuelta.

Algo nos pasa siempre, algo romántico, dulce,

Cosa que la dejamos para el sueño…

Es una mierda, este San Salvador, pero divino.

Aquí, ¡hasta las piedras hablan, sufren, y se tiran abrazos!

Aquí, en El Salvador, la cosa es para tanto,

Que tenemos que hacer las pequeñeces,

Rodearlas de clamor

Y esperar el vacío.

 

Para que el mundo sepa dónde estamos situados,

A dónde fuimos capaces de llegar,

Se tiene que morir podrido en pisto,

Pero no vales nada; aunque hayas sido presidente,

O ministro o diputado, no vales nada.

 

Pero no vales nada, también, si vales mucho.

¡Si vales de verdad!

(No me deja mentir Chico Gaviria.)

Jodida está la cosa.

Pero ahí vamos, con ganas de ser grandes.

Diciendo que somos lo mejor, el paraíso.

¡Qué, carajo! Somos un espejito reflejando lo de los otros.

Nada nos pertenece de verdad.

Todo es prestado, ¡hasta la muerte!

 

Así es que tenemos que sufrir hallándonos.

Saber nuestra verdad, luego decirla.

Propagarla en ojos o palabras o sonidos, pero decirla.

Sólo así nos tendrán que existimos…

 

El Salvador me duele.

Tanto me duele, que lo quiero tanto.

Y deseo vivirlo más, darle vuelta,

Transformarlo de veras, ¡porque sí!

Porque se debe transformar.

Como está

Ya no sirve… No ha servido jamás… ¡Perdón!,

Ha servido para algo: Es doloroso.

 

Aquí en El Salvador, en esta semillita,

Tenemos que llorar

Para que brote el canto, para que salga pleno,

Para que sirva de algo.

 

Aquí, en El Salvador, tenemos que sacar a relucir

Lo cierto

O seguimos perdidos…

A El Salvador, ¡Por Dios!, yo no niego.

¡Pese al padrastro que es!

No podría negarlo. Él me tiene y lo tengo.

Cuanta vida me gasto, es por él.

¡Por su forma tan rara de ser en este mundo!…

Soledad

Hoy he visto caer de mis ojos la sombra.

como un viaje cansado;

y dejó mi soledad

cómo ciudad deshabitada de estrellas

y perros que nos ladran;

sin la novia prendida en el recuerdo,

sin el beso primero que nos llenó de asombro,

sin amables señoras que nos dicen:

“—Cómo está, joven, buenos días.—”

Sin éste mundo amargo y cotidiano

que nos duele en el pecho,

como la muerte del pastor de caracoles

que murió sobre la arena

y apareció su viaje desnudo ante el crepúsculo…

¡Dejó pues la sombra, mi soledad vacía…!

 

Mi soledad vacía.

Tremendamente sola.

sin un grito siquiera.

¡Sin mis huesos!

Sola.

Sin perfume.

¡Como un lirio quebrado en pleno invierno!

Pura.

Como un ángel despierto

sigue mi soledad.

Caricatura

La cava de Alecus

Llegó la hora de la jodarria: compartimos Espacio con Alecus, reconocido caricaturista en El Salvador.

Crónica

Cuando las noticias sacudieron la TV salvadoreña en la guerra civil

El entonces veinteañero era atrevido, serio, profesional y se enfrentó a funcionarios hostiles y a colegas competitivos en una época en la que floreció el periodismo por televisión. Joel no estaba solo.

Foto

Pasado y presente de la historia contemporánea salvadoreña se contraponen en la muestra fotográfica. San Salvador, agosto de 2022. Foto: Luis Galdámez

Hasta encontrarles

La Comisión Nacional de Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante el Conflicto Armado Interno de El Salvador fue creada en 2010 mediante decreto ejecutivo emitido durante la administración del expresidente Mauricio Funes.

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